Me trae el viento un susurro lejano de sirenas.
Desde aquí,
puedo inventar sus casas de corales,
y sacudiendo el agua cristalina;
¡Ay!
¡Qué hogares!
¿Por qué si los figuro tan cerrados,
ahogados y atrapados de corrientes...
por qué si su camino es tan pesado,
se presta mi sentido a suponerlos
tan libres como el aire,
y en este pedestal tan elevado, dominante,
se me presenta el viento
tan lleno de barrotes?
Por este odioso cuerpo que insultante
me oprime bajo el pecho
y me detiene,
ansioso de corales.
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